viernes, 9 de octubre de 2009

El buscador y la verdad

Me gustaría expresar mi agradecimiento a las personas que se han acercado y demostrado su interés por algunas reflexiones aparecidas en este humilde blog y que las han enriquecido con sus comentarios.

Algo que ha comenzado de forma fortuita y como ejercicio de revisión y clarificación íntima, por esas cosas casi milagrosas del ciber-espacio, me permite saberme conectada con un entorno que busca la luz por el camino del discernimiento y la comprensión.


En toda esta andadura, desde que aparece la necesidad de "la búsqueda" y el mundo deja de tener el brillo que hasta entonces poseía, se pasa por etapas llenas de altibajos y distintos talantes, que algunas veces hacen que nos sintamos diferentes y raros, pues esa llama que se nos ha encendido ha revulsionado y puesto nuestra vida "patas para arriba"


Este acercamiento a una verdad que se intuye más allá de los objetos, primeramente me ha hecho que re-direccione la mente, para que en lugar de seguir persiguiendo la felicidad a través de los sentidos y en un mundo situado afuera, se vuelva hacia adentro para descubrir, clarificar y responsabilizarse de todo ese otro mundo interno que había pasado inadvertido, el de los pensamientos, sentimientos y emociones, del tiempo y el espacio, de los gustos y rechazos, ese mundo creado y coloreado por ella mísma, que actúa como una gran barrera al fluir de la vida y que constituye el mundo de los opuestos.

El interes en traer orden a la mente a través de su observación me permite situarme en la perspectiva de testigo de ella, y así abrirme a un "espacio" que siempre había estado ahí, una dimensión más amplia de conciencia desde la cual, la aparición o no del movimiento mental ya se va a ver por un igual.
Esto trae una bocanada de libertad, pues ya dejan de ser las cosas o los sucesos los que me dan realidad a mí, soy yo, al descubrirme como conciencia pura, quien se la imparte a ellos.

Dice Nisargadatta que la mente es la gran destructora de la verdad y debe de ser tratada como un ladrón, no queremos nada de él, pero vigilamos que no nos robe....

Así pues, clarificado el camino y purificada la mente, lo único que puedo hacer para vivir la verdad, es vigilar todo aquello que no lo es, "para que no me robe"....

Y esa búsqueda que entendía como un proceso de adquisición o de llegar a encontrar algo, deja de existir al ser descubierto el engaño, que la parte quería abarcar el todo, el yo personal y limitado creado por la mente quería abarcar lo ilimitado.
Cuando se comprende que la persona nunca se puede liberar, porque precisamente ella es el enredo, uno se libera de la persona.

Y pasito a pasito, en esa alerta, en ese afectuoso desapego que supone la presenciación, viendo lo transitorio como transitorio, lo falso como falso, y sintiendo como el buscador y lo buscado se hacen uno en la búsqueda, vivir la verdad se convierte en Ser la Verdad.