viernes, 11 de diciembre de 2009

Las relaciones libres


Puede haber diferencias entre los seres humanos, pero no separación.

Y vivir es relacionarse, no solamente con mi interior sino con el resto de la vida, y relacionarse con el mundo del que estoy rodeada formado por personas que piensan, sienten y cambian a menudo de parecer.


Me gusta hablar de paz, de amor, de armonía, pero mientras siga entre juicios y divisiones, hiriendo o sintiendome herida, generando resentimientos o iras, no estaré encarando el origen de mis contradicciones.


Si vivo "dormida" y enfrascada en "lo mío", ocupada en mantener mi comodidad y defendiendo todo aquello que me gusta, no tendré tiempo ni energía para descubrir esa otra parte de la vida que queda por descubrir.

Pero si soy sensible, y veo lo necesario de saber relacionarme con el resto del mundo, tendré que movilizar la energía necesaria para impulsar un cambio en mí.


Para empezar, ¿Me he parado a observar, sin juicios, como me relaciono?

Porque quizá esté llamando relación a lo que sólo es una reacción. Estoy llamando relación a un movimiento que comienzo desde la mente, desde una imagen que he creado de mí, con ese me gusta y no me gusta, con mis hábitos y mis condiccionamientos. Una imagen que pongo en marcha en el momento que me acerco a alguién, o alguién se acerca a mí y en la que interpongo mis preferencias o mis antipatías, ante lo que dicen o como lo dicen, o antes siquiera de que lo digan.

Y cuando alguién me crispa, o me incomoda, busco como eludir o enfrentar dicha resistencia, y mis relaciones se van convirtiendo en eso, en un ajuste de resistencias.


Pero una visión más profunda me hace ver que esos problemas que veo fuera, son creados por mí, son creados por el ego a través de esa continua elección entre lo que quiero y lo que no quiero.


Quiero que cambien las personas, quiero que cambien las situaciones, quiero que cambie la sociedad, pero me olvido del creador del problema, me olvido de ese yo, de ese "ego" que es el que origina el conflicto con su filtro de colores hecho de memoria y de condicionamientos.


Y mientras persista la identificación con el cuerpo y con la personalidad, estoy condenada a seguir viviendo en la cárcel que he construido.

Descubierta ya que toda relación que parte de la mente y de sus condicionamientos trae consigo la semilla del conflicto y que cualquier muro que construya para defenderme, que cualquier personaje desde el que me relacione está creando dualidad y dividiendo la energía del universo en mía y tuya , tendré que ver la manera de liberarme de ello.


¿Puedo, por lo tanto, comenzar a relacionarme dejando atrás lo que conozco, dejando atrás la memoria y la seguridad que me aporta vivirme como una persona en concreto?

¿Estoy dispuesta a exponerme a lo desconocido, con sus vientos y tempestades?

Emprender ese camino de desnudez que supone soltar las adquisiciones del ego, me va a exigir valentía y coraje y un saber vivir en austeridad, la austeridad de no llevar conmigo la carga del pasado, la carga de una historia....

Vacía ya de posesiones, ese cambio de dirección que supone abandonar la autoridad de la mente, va a provocar un ajuste de energías y una apertura a otra dimensión, la dimensión de SER, la dimensión de la Libertad...

Una libertad que permite vivir sin temores, al haber descubierto que nada que provenga del mundo de los objetos puede molestar si no pongo en marcha las ideas, los apegos o los condicionamientos al respecto.


Y desde esa conciencia, desnuda de imágenes y de memoria, surgirán unas relaciones sanas con el entorno y con la sociedad, pues aunque ese entorno no cambie, sí ha cambiado la perspectiva y la forma de vivir cada situación.