viernes, 21 de mayo de 2010

Volviendo a casa




Tu señor mora en tí ¿que falta hace que tus ojos exteriores se abran?

Kabir dice: "Escucha hermano mío!, mi señor que hechiza mis ojos se ha unido a mí"





Vivimos en la periferia porque a este conjunto de sentidos que conforman el entramado del yo existencial le encanta experimentar, correr de experiencia en experiencia en pos de una plenitud que cree poder encontrar entre los objetos.

Pero las experiencias en sí no nos crearían ningún problema si las disfrutásemos y las dejásemos pasar, de hecho, cada una de ellas también es expresión de lo real y suponen una oportunidad para sintonizar con esos estados más profundos de gozo o paz que constituyen nuestra esencia.

Sólo cuando el pensamiento se queda apegado a ellas, a la sensación que ha experimentado, y la intenta atrapar, es cuando se olvida de que el objeto sólo ha sido un pretexto para devolverlo por un momento a su estado original.

Uno tiene que llegar a hartarse del parloteo de la mente, de ese movimiento neurótico que mantiene nuestra atención entre pasado y futuro, buscando y divagando constantemente en las garras de la imaginación.


Aunque ese miedo primordial que lleva a la mente a no querer soltar el pensamiento, a prenderse a él como a un clavo ardiendo, nos puede ser útil para detectar nuestras carencias, todo aquello que aún está por comprender.
El miedo siempre habla de inseguridad, de algo que se teme perder o de algo que se necesita para sentirse completo, por lo tanto el miedo siempre pone en marcha un deseo que lo satisfaga.

El deseo y el miedo, por lo tanto, van de la mano.

Y mirando para los deseos podemos encontrar muchas pistas.

¿Que se desea?
¿Por qué?
¿Quién es, el última instancia, el que desea?


Situarnos en ese espacio que observa el movimiento de la mente, como simple observador, nos descubre el error principal, que es ver como la fracción, lo pequeño, desea contener el todo. El instrumento, lo limitado, el pensamiento, desea contener lo grande, quiere sentirse completo, quiere experimentar la paz, el gozo, la plenitud que intuye.... pero que sólo otra dimensión le puede aportar, que es precisamente esa que lo contiene y lo hace posible, la de SER, simplemente SER .

La paz, el gozo, la alegría pura.... , no nos la pueden proporcionar los objetos, no son atributos de una mente inquisitiva tal como la conocemos, no son atributos de la persona . La persona ha de quedar en suspenso para que eso aparezca. La mente debe de convertirse en un espejo puro para que todos esos atributos de lo real (Sat Chit Ananda) se puedan reflejar a través de ella sin encontrar una mácula.

Una mente sencilla, una mente purificada que no interfiere entre lo real y sus expresiones, se convierte en un vehículo útil a través del cual la conciencia puede actualizar sus contenidos sin obstáculos.

La Quietud y el silencio son buenos soportes.


La quietud que no es inactividad, sino que implica llevar a cabo la acción necesaria, en el momento
necesario y de forma consciente, sabiendo respetar la fuerza, el ritmo, las capacidades del cuerpo y de la mente con los que las realizamos para dejar que expresen armónicamente esa energía de la que están formados.

Y el silencio vivido como carencia de expectativas, de proyección, presencia consciente, intimidad amorosa que nos permite expresar en cada momento nuestra naturaleza real.


Esta manera de ir haciendo de nuestra vida diaria, vida consciente, supone volver a casa.

Era la mente la que había salido a experimentar, a conocer, a crear un mundo, un tiempo y un espacio, pero el ir transformando eso que llamaba exterior en expresión de mí interior, extensión de él, el "yo existo" se va diluyendo en el YO SOY, y estoy de vuelta a una casa de la cual nunca había salido.

jueves, 6 de mayo de 2010

Hoy puede ser un gran día






Así que manteniéndote desapegado, cumple con tu deber.
En verdad actuando sin apego el hombre alcanza lo Supremo.
(Bhagavad Guita)



Desde que nos ha entrado este "gusanillo" de conocer e ir más allá de los contenidos de la mente, o de querer entender el porqué de todo este drama universal que tantas veces encontramos incoherente o caótico, algunos hemos pasado por cantidad de talantes y dudas para encontrar la forma madura o la perpectiva adecuada de afrontar ciertas circunstancias muchas veces adversas.


En algunas ocasiones, la aceptación, que es un movimiento integrador del corazón, nos ha permitido pasar con sabiduria por dificultades sin dejar a la mente construir escenas con afán disgregador, pero en otras, nos escudamos en mil motivos para no movernos interna o externamente y buscamos excusas supuestamente profundas para no intervenir, confundiendo bondad con debilidad, creyendo que lo mejor es quedarse quieto y esperar. Bueno, eso es lo que se cree el ego, las estrategias de ese miedoso, perezoso o manipulador que a veces llevamos dentro, porque puede ser que el movimiento inteligente y equilibrador de la vida, este demandando de nosotros que seamos vehículos de otro tipo de respuesta .


Vivir en la identificación con el personaje que nos ha correspondido representar: alto o bajo, listo o tonto, hombre o mujer....no es vivir, es repetir, es buscar en el almacén de la memoria lo que corresponde responder y hacer lo mismo que hacen muchos animales que intentan morderse la cola, girar y girar sobre sí mismos.

Pero dejar que el personaje interprete su papel libre y honestamente, sin los tirones de una mente disfuncional y desintegrada, nos permite llevar a cabo las actividades cotidianas desde la actitud adecuada, desde el lugar adecuado en el que nos encontremos por nuestra comprensión y responsabilizárnos en cada momento del deber que realmente nos corresponde cumplir.

Cada día nos trae nuestra particular batalla sagrada, nuestro pequeño Bhagavad Guita, y todos llevamos dentro un Aryuna pronunciando " banas palabras de Sabiduria..." mientras dudamos entre deberes y sentimientos.... en esos momentos que ambos parecen seguir caminos contrarios y nos colocan ante una difícil decisión.

Menos mal que...
¡Cada día puede ser un gran día...!


Porque cada día es nuevo y fresco, y aunque en esta sucesión contínua de acontecimientos de diversas índoles y colores se siguan actualizando situaciones complicadas, desde el momento que subimos a nuestro carruaje y tomamos las riendas de nuestra vida, podremos convertir cada reto en una oportunidad.

Una oportunidad de ver como funciona en la práctica todo aquello que de otra manera se quedaría creando polilla en las estanterias.


Una oportunidad de hacer frente a los retos aportando orden, honestidad y verdad a nuestro entorno.

Una oportunidad de practicar la acción sin apego, esa acción que intuimos necesaria en sí mísma, sin estar a expensas de los resultados, porque ya vamos entendiendo que no hay hacedores individuales, que todo el universo actúa y que nuestro cuerpo es sólo un instrumento.


Llevar a cabo nuestras labores en este mundo como nos indican los maestros, con las manos en la tierra pero con el corazón y la mente puestos en lo Supremo, permite que fluya esa energía que pone en marcha una acción ética y adecuada, en la que con el debido desapego , no quedamos atados a sus frutos ni ligados a sus resultados.

De esta manera, cada día se puede convertir en un gran día, sólo depende de nosotros como lo queremos vivir...