sábado, 4 de diciembre de 2010

¿Y yo que siento?



Siempre que nos acercamos a investigar la calidad de nuestras relaciones, y lo afrontamos desde una madurez en la que ya no nos vale el viejo truco de echar las culpas a los demás, nos puede servir de ayuda plantearnos estas dos sencillas preguntas:


¿Y yo que siento?


Esta pregunta nos debe de llevar directamente hacia un ir descubriendo todo nuestro mundo interior, tanto a nivel físico como psicológico, con mis gustos y mis rechazos, e ir sacándolo al exterior para clarificarlo o reconducirlo,


Porque es precisamente ese sentir desde el que me vivo: "me siento triste", "me siento angustiada", "me siento sola", o al contrario "me siento estupenda", "me siento perfecta"...el que está condicionando cualquier respuesta a la vida.


Por eso es tan importante reconocer ese sentir e ir descubriendo cauces sanos de expresión para ir reconduciéndolo.





¿Y como respiro?








Cuando limitamos la idea que tenemos de nosotros a lo que somos como cuerpo o forma, nos sentimos incompletos y ese miedo que acompaña a esa percepción limitada condiciona todas nuestras respuestas.

Y cuanto menos espacio nos damos, menos aire respiramos.

Y cuanto más limitados nos vivimos dentro del contenido de nuestras vidas, más rápido reaccionamos a las limitaciones de los otros.

¿Pero no hemos descubierto ya que hay algo más que el contenido?
¿Tenemos interés en vivir desde ese otro espacio que hace posible que el contenido exista?

Cuando respiramos, permitimos que ese espacio aparezca y damos una tregua a la imaginación, para ir ampliando el campo de nuestra conciencia.

Y desde eso que siento, reconduzco las sensaciones, viendo como se moviliza el corazón (al interesarse por ello), y como la mente, movida por la inteligencia, encuentra ya la idea adecuada para poner en marcha la acción pertinente.

Y para llevarla a cabo
¿Tengo en cuanta a todo lo que está a mi alrededor?
¿Soy realista al adecuar lo que construyo con lo que siento?




Así que partiendo de esta investigación sobre las relaciones, hemos descubierto como la relación más importante y de la que parten todas las demás es la que mantengo conmigo mísmo, pues es la que mantengo conmigo mísmo, el como me siento, desde donde me vivo, la que marca cualquier relación con los demás ...




Preguntémonos a menudo:

¿Que nos falta?
¿Que esperamos de los demás?
¿Me vivo desde una condición de mujer o hombre, buscándo otra mitad que me complete?


Porque si ya hemos visto que son nuestras propias limitaciones y carencias las que nos hacen creer que son otros quienes tienen que llenarlas
¿podremos reconocer, por lo tanto, que eso que demandamos ya esta dentro de nosotros, pero que hasta ahora no nos habíamos ocupado en actualizarlo?


No es cuestión de encontrar respuestas, pero sí de ver que es lo que se mueve, con todo esto, en nuestro interior.

1 comentario:

aviló dijo...

Que magnífico post Beatriz

Es cierto que la relación con los demás es un reflejo de la que tenemos con nosotros mismos. No la revisamos con frecuencia por miedo al "monstruo", y sin embargo, no habrá crecimiento verdadero hasta aceptarlo, para que pueda producirse la metamorfosis, "clarificarlo y reconducirlo", requisito indispensable para vivir en "ese otro espacio que hace posible que el contenido exista".

Muchas gracias fermosa por este toque de atención.

Un abrazo.