lunes, 22 de noviembre de 2010

Alegria de Ser







Andamos siempre tan ocupados intentando resolver asunto tras asunto, inmersos en esa vida que se desarrolla sólo en el nivel de la mente, hipnotozados entre tantos mecanismos de defensa puestos en marcha por la memoria o por la imaginación, que continuamente dejamos que se nos escapen la Paz y la Bienaventuranza que permanecen inalterables detrás de tanto ruido y que forman parte esencial de nuestro SER.




Mientras la mente es dueña de nuestras vidas, la herencia, la educación que se recibe, o las propias dificultades que se deben de afrontar, condicionan nuestro cerebro y construyen unos surcos que dan lugar a muchas de nuestras tendencias latentes. Esas que nos impulsan a repetir los mismos errores y que generan un espacio oscuro y cerrado, en donde no puede entrar ni el aire ni la inocencia de lo nuevo.




Estas respuestas automáticas, que son fruto de la inconsciencia y del protagonismo que aún conservan las ideas o las imágenes desde las que nos relacionamos con la vida, son respuestas dictadas por el miedo. El miedo que nos da soltar o prescindir de la seguridad de los viejos esquemas de lo conocido.





Abrirnos a lo nuevo


Cuando afianzamos una atención que nos permite ocuparnos en cada momento, de lo relativo a cada momento, centrados en "como" realizamos la tarea, más que en lo "que queremos" o en los resultados que pretendemos conseguir, recogemos como fruto la madurez de la entrega y de la aceptación de lo que Es. Y la relajación que eso conlleva, disuelve las proyecciones que solía poner en marcha la imaginación.





Realmente , algo tan sencilo, como es procurar la unidad en la acción de nuestros vehículos, sin una mente que tire por libre, así como la madura alineación con el fluir de la vida, trae frescores nuevos, brisas llenas de equilibrio y alegría, y borra literalmente las viejas tendencias que nos esclavizaban a seguir creando mundos de dolor y placer.





Porque con la apertura al momento presente, se hace con las riendas nuestro SER interno, envolviendo todo con su luz y calor y dejándo atrás el énfasis de lo relativo y secundario. Y la profundidad de nuestra Conciencia, nos reviste en su potencial de Paz Y Alegría. No una alegría referente a nada concreto, ni una alegría opuesta a la tristeza, sino la alegría de sentirnos completos y de Ser y Conocernos en la fuente y origen de todo.



Una fuente, que como dice el místico, mana y corre aunque es de noche, a través de una Vida que se manifiesta de forma universal, pero que subyace en cada hecho concreto. A la que la mente no puede acceder porque no la puede abarcar, y por eso la divide en tiempo y en espacio.



Pero detrás de este tiempo psicológico, permanece el SER, y todo lo que está vinculado a la opacidad de lo relativo, lo concerniente a la persona o a los acontecimientos cotidianos de la vida, van perdiendo su fuerza , mientras la aceptación en cada momento de lo que se presenta, disuelve las últimas resistencias que impedian que la Alegría de SER, simplemente SER; se manifestase.