lunes, 9 de noviembre de 2015

Los gozos y las sombras






Solemos decir,  de buena tinta, que la vida es una alternancia de gozos y sombras.  Es evidente que las alegrías, cuando llegan,  son bien recibidas y agasajadas.  Pero lo que ya es un inquilino más molesto e incómodo son las tristezas. Aunque no hay otra, porque  "haberlas haylas". . Y aunque algunas religiones o culturas  ensalzan los momentos de dolor y  sufrimiento como algo provechoso, ya que invita a volvernos hacia nuestro interior buscando respuestas naturales o sobre naturales que nos lo alivien, una actitud más madura nos hace replantearnos todo esto,  y ver si es necesariamente así. 


No hay duda que hay situaciones difíciles, que toca cargar con ellas, cada cuál como mejor pueda o sepa- Pero más allá de esto, existe una cierta propensión a crear un "yo" quejoso  , que no está satisfecho con casi nada de lo que le ha tocado vivir, quizá porque ha traducido la vida en un continuo disfrute de placeres, escapando de lo que es.  Y a veces, cuando ese "yo" no está dispuesto a hacer frente a los retos habituales del vivir,  tal como se presentan, prefiere a generar un  "yo" místico que no se responsabiliza de dar soluciones, porque prefiere irse a mundos etéreos.. 
 

 Y a veces decimos,  que es que esta vida es un caos y un sufrimiento .... pero a fin de cuentas ¿quién la sufre? Esta es la pregunta que deberíamos de hacernos en cuanto se nos presenta la ocasión. ¿No es la imagen que hemos construido de nosotros,  la que se encuentra perdida cuando los hechos no se  corresponden con las expectativas?  Pero...¿somos nosotros esa imagen, o somos el conocedor de esa imagen?


Dar la bienvenida tanto a las alegrías como a las tristezas, cuando llegan,  y dejarles proseguir su camino, cuando se marchan, es en verdad una actitud muy sabia.

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