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miércoles, 30 de septiembre de 2009

La huerta y yo




La huerta y yo somos viejas amigas, hemos compartido mucho tiempo juntas y de ella he aprendido muchas cosas. He aprendido a ver la unidad en la diversidad y la importancia de que cada especie tenga su sitio y sus peculiaridades, aunque la nutra la misma tierra.

Los seres humanos somos muy reacios a esa unidad. Nos relacionamos desde las ideas y pasamos el día juzgando y rechazando a todo aquello que no esté de acuerdo con ellas. Convertimos nuestras vidas en campos de batalla.

A la huerta me acerco sin exigencias porque he descubierto que mis manos son sólo uno de los muchos factores necesarios para que las semillas fructifíquen y den frutos.

Y cuando no hay expectativas, no es necesaria la imaginación, y ya no se ponen en marcha las ideas que nos hacen vivir sólo desde la cabeza. Y cuando el centro deja de ser la cabeza, podemos sentir que nuestro cuerpo se expande hasta abrazar el universo entero.