Vedanta
práctico: vivir despiertos en la vida cotidiana
Durante mucho tiempo, a la
filosofía Vedanta se le ha atribuido un halo casi místico: ashrams,
silencios, meditaciones, renuncias, vidas apartadas del mundo.
Esto
ha supuesto que muchas personas sientan que esta enseñanza no es
para ellas, que pertenece a otro tiempo, a otra cultura, o a otra
forma de vida.
Pero el Vedanta
no nació para huir de la vida,
sino para enseñarnos a comprenderla.
Vivir de acuerdo a ella, en
un mundo occidental lleno de estímulos, exigencias y velocidad, no
significa vivir de manera especial,
sino vivir
con una mayor lucidez.
No se trata
de cambiar la vida, sino la mirada que la acoge.
El Vedanta no pide que
abandonemos el trabajo, la familia o las responsabilidades.
Invita
a algo mucho más sencillo —y más profundo—:
reconocer desde
dónde se vive. Porque
en la
vida cotidiana hemos de seguir actuando, decidiendo, resolviendo
problemas.
La diferencia está en que poco a poco dejamos de
hacerlo desde
la
identificación
absoluta con el personaje y su
idea rígida de
“yo soy esto que pienso, siento o temo”.
El Vedanta señala algo muy
simple pero que parece que desde las culturas occidentales siempre
obviamos. Nos habla de la Conciencia que somos y en la que aparecen
todas las experiencia. Nos invita a reconocer que somos:
Sat-Chit-
Ananda. (Existencia/Conocimiento/Bienaventuranza)
Sat- (Exitencia)
Pues no somos
algo que aparece y desaparece,
sino el Ser mismo
en el que todo aparece.
No “tengo”
existencia.
Soy
existencia.
Chit
— Conciencia / Conocimiento,
es
la conciencia
que conoce.
No
es el conocimiento intelectual, sino el hecho
de ser consciente.
Todo
lo que experimentamos —pensamientos, sensaciones, emociones— es
lo conocido.
Ese “saber que se sabe”,
esa presencia lúcida que no necesita esfuerzo, eso
es
Chit.
La mente y lo que se conoce a
través de ella, cambia.
La atención va y viene.
Pero la
conciencia
que da luz a todo
permanece.
No soy lo que
aparece en la conciencia.
Soy
la conciencia en la que todo aparece.
Ananda
— Bienaventuranza / Amor
Aquí suele haber confusión.
Ananda
no es placer, ni euforia, ni emoción positiva.
Es
la paz
profunda que queda cuando no hay resistencias ni carencias.
Cuando cesa la búsqueda de
completarse…
cuando no hay lucha por ser otro…
cuando se
descansas en lo que ya se es…
aparece una plenitud
silenciosa,
sin objeto.
Eso es Ananda.
Por eso también se traduce
como Amor:
no
el amor hacia algo, sino la
ausencia de separación.
No es “me siento
feliz”.
Es “nada
me falta”.
“Soy completo como soy”
No
son tres cosas: Sat, Chit y Ananda no son partes.
Son tres
maneras de señalar lo mismo:
Desde el hecho de ser →
Sat
Desde el hecho de conocer →
Chit
Desde el hecho de no carecer
→ Ananda
Como el fuego: calienta
(Ananda),
ilumina (Chit),
y existe (Sat).
No son separables.
Y esto podemos constatarlo en
la vida cotidiana: ya sea en
medio del tráfico, en una discusión, en el cansancio, en la
incertidumbre.
No se persigue un estado
especial, sino una comprensión
de nuestra naturaleza esencial, siempre presente y no cambiante.
La vida sigue teniendo retos,
conflictos y momentos difíciles.
La diferencia es que ya no se
perciben como ataques personales, sino como movimientos
de la vida
que aparecen y desaparecen en la Conciencia que somos.
Occidente,
prisas y Conciencia
En nuestra cultura
occidental, donde el valor personal suele medirse por el hacer, el
lograr y el producir, el Vedanta práctico nos puede aportar algo
revolucionario:
Aprender
a descansar en el Ser mientras actúamos.
Que no supone pasividad sino
actuar sin tanta carga interna, sin tanto miedo a no ser suficiente,
sin vivir permanentemente a la defensiva.
Y poco a poco se va dando una
comprensión natural de como :
Los pensamientos son ideas
que van y vienen.
Las emociones son estados
cambiantes.
El cuerpo tambien se
trasforma y envejece.
Las circunstancias no
siempre se pueden controlar.
Y, sin embargo, hay
algo que permanece,
silencioso, disponible, intacto, que es la Presencia.
Vedanta es aprender a no
resistirse a lo que es
Vivir
de acuerdo al Vedanta es aprender a no resistirse a lo que es, que
llevado a la vida diaria se expresa de forma muy sencilla:
En la capacidad de parar
antes
de reaccionar.
En permitir una emoción sin
juzgarse, justificarse ni reprimirse.
En escuchar sin necesidad de
imponerse.
En descansar, aunque la
mente diga que “sigue, sigue”.
No es un camino de
perfección, sino de honestidad
interior con uno mismo.
No
busca convertirnos en alguien mejor, sino dejarnos
de sostener una imagen.
Paso a paso,
en lo ordinario
Por eso este espacio se llama
Vedanta Pasito a
Pasito.
Porque la
comprensión no llega de golpe ni se vive en abstracto.
Se va actualizando:
En la forma en que
respiramos cuando algo nos incomoda,
En cómo nos hacemos amigos
del silencio interior,
En cómo gestionamos los
deseos o la frustración.
Ahí, en lo más
ordinario, el
Vedanta deja de ser una idea y se vuelve una forma de vivir con
lucidez, amor y armonía en medio del trajín habitual de la vida,
que es algo cada vez más necesario en la sociedad actual.