sábado, 24 de enero de 2026

Orden y Desorden

 




¿Existe realmente el desorden?

Cuando día tras día vemos con gran pesar el gran caos que asola el mundo, supongo que muchos de nosotros nos habremos preguntado si, desde una visión más profunda y no dual, existe realmente tan descomunal desorden, o si el desorden es solo un nombre que le atribuimos con la mente a un orden que no entendemos.


Una pregunta que toca la raíz de nuestra percepción

Creo, honestamente, que esta es una pregunta que nos toca la raíz de cómo percibimos la realidad.
Pues desde una perspectiva no dual (Advaita), la distinción entre “orden” y “desorden” pertenece solo a una construcción mental, a una etiqueta que aplicamos a la totalidad del flujo de la existencia.


El orden y el desorden como proyecciones de la mente

En el nivel absoluto, no puede haber fragmentación. Es la mente la que proyecta sus propios conceptos de cómo debe ser la estructura y la utilidad de un mundo que cada cual percibe a su manera.
Cuando lo que observamos encaja con nuestros modelos o deseos, lo llamamos orden. Y cuando supera nuestra capacidad de comprensión o amenaza nuestra sensación de control, lo llamamos desorden.


En la Conciencia Pura no hay categorías

Entendemos que en la Conciencia Pura no puede haber categorías. El universo no es ni deja de ser “ordenado” o “desordenado”; simplemente es.El orden perfecto que no necesita nuestro permiso

Como una pila de hojas secas que el viento amontona en el jardín. Pueden parecernos desordenadas si pretendemos que el jardín esté limpio, pero cada hoja está en el lugar preciso donde el viento, su peso y el principio de su descomposición las han dejado.
Es un orden perfecto que no necesita de nuestro permiso humano.


El desorden como resistencia mental

De ahí que lo que llamamos “desorden” nazca a menudo de la resistencia de la mente a aceptar lo que ocurre. El juicio de que “esto no debería ser así”.
Por eso, al soltar el juicio, la distinción entre caos y orden se disuelve en una sola unidad de movimiento.


Cuando esta comprensión se aplica a la vida cotidiana

Comprender esto nos puede ser útil para aplicarlo a nuestras crisis personales o a momentos de confusión, y así encontrar una paz que trascienda el entendimiento.
Como ocurre en la filosofía japonesa del Wabi-Sabi, que encuentra la belleza y el orden sagrado en lo imperfecto, lo asimétrico y lo impermanente.


Wabi-Sabi: un orden distinto al que busca la mente

El Wabi-Sabi japonés ve la belleza en las cosas imperfectas, mudables e incompletas.
Mientras que la mente occidental a menudo busca un orden basado en la simetría perfecta y la permanencia (como una casa impecable), la naturaleza no funciona así.
Wabi y Sabi: simplicidad y huella del tiempo

Wabi: es la simplicidad y la elegancia propia.
Sabi: es la belleza que aporta la edad y el desgaste natural.


Kintsugi: cuando la grieta forma parte del orden

Al igual que sucede con los cuencos que se rompen y son reparados con oro (Kintsugi).
Para la mente analítica, el cuenco está “roto” o “desordenado” por las grietas. Desde una visión no dual, las grietas son parte de su historia y de su orden real. No hay rotura, solo transformación.
¿Qué ocurre cuando dejamos de comparar con el “debería”?

¿Qué pasará entonces si empezamos a observar el “desorden” sin tener que compararlo con cómo “debería” ser?


Cuando la mente deja de luchar

Si aplicamos esta mirada, puede ocurrir un cambio profundo en nuestro estado interno.
Al dejar de etiquetar algo como “desorden”, la mente deja de luchar contra lo que es, tal como es.


Ordenar sin ansiedad

Y es curioso que cuando dejamos de juzgar el desorden como algo “malo”, aparece más energía para ordenarlo (si decidimos hacerlo).
Ya no ordenamos desde la ansiedad o el rechazo, sino desde una posición armoniosa. Se ordena porque es útil y necesario hacerlo.


Cuando el desorden se vive como crisis personal

Si llevamos esto a lo personal, cuando sentimos que nuestra vida es un desastre (una pérdida, un problema familiar o laboral, una confusión mental), tendemos a entrar en pánico porque no somos capaces de ver el patrón que se está formando.


El caos como parte del orden total

Desde un posicionamiento no dual, incluso el momento de mayor confusión es una pieza necesaria del orden total.
Como dice una premisa: “Del caos surge el orden”.


Del miedo a la curiosidad

Al adoptar esta perspectiva, la transformación ocurre en nuestro interior.
Cuando se deja de ver una situación como un “error” o algo “roto”, la relación con nuestra propia vida cambia radicalmente.


Una nueva pregunta cambia toda la experiencia

Al verlo como un orden que aún no comprendemos, el miedo se sustituye por curiosidad.
Nos preguntamos: “¿Qué nueva forma está intentando tomar mi vida?” en lugar de “¿Por qué todo me sale mal?”.


jueves, 22 de enero de 2026

Vedanta Práctico

 




Vedanta práctico: vivir despiertos en la vida cotidiana

Durante mucho tiempo, a la filosofía Vedanta se le ha atribuido un halo casi místico: ashrams, silencios, meditaciones, renuncias, vidas apartadas del mundo.

Esto ha supuesto que muchas personas sientan que esta enseñanza no es para ellas, que pertenece a otro tiempo, a otra cultura, o a otra forma de vida.

Pero el Vedanta no nació para huir de la vida, sino para enseñarnos a comprenderla.

Vivir de acuerdo a ella, en un mundo occidental lleno de estímulos, exigencias y velocidad, no significa vivir de manera especial, sino vivir con una mayor lucidez.



No se trata de cambiar la vida, sino la mirada que la acoge.

El Vedanta no pide que abandonemos el trabajo, la familia o las responsabilidades.

Invita a algo mucho más sencillo —y más profundo—:
reconocer
desde dónde se vive. Porque en la vida cotidiana hemos de seguir actuando, decidiendo, resolviendo problemas.
La diferencia está en que poco a poco dejamos de hacerlo
desde la identificación absoluta con el personaje y su idea rígida de “yo soy esto que pienso, siento o temo”.

El Vedanta señala algo muy simple pero que parece que desde las culturas occidentales siempre obviamos. Nos habla de la Conciencia que somos y en la que aparecen todas las experiencia. Nos invita a reconocer que somos: 

Sat-Chit- Ananda. (Existencia/Conocimiento/Bienaventuranza)


Sat- (Exitencia) Pues no somos algo que aparece y desaparece, sino el Ser mismo en el que todo aparece.

No “tengo” existencia.
Soy existencia.

Chit — Conciencia / Conocimiento, es la conciencia que conoce.

No es el conocimiento intelectual, sino el hecho de ser consciente.
Todo lo que experimentamos —pensamientos, sensaciones, emociones— es lo conocido.

Ese “saber que se sabe”, esa presencia lúcida que no necesita esfuerzo, eso es Chit.

La mente y lo que se conoce a través de ella, cambia.
La atención va y viene.
Pero la
conciencia que da luz a todo permanece.

No soy lo que aparece en la conciencia.
Soy la conciencia en la que todo aparece.

Ananda — Bienaventuranza / Amor

Aquí suele haber confusión.

Ananda no es placer, ni euforia, ni emoción positiva.
Es la
paz profunda que queda cuando no hay resistencias ni carencias.

Cuando cesa la búsqueda de completarse…
cuando no hay lucha por ser otro…
cuando se descansas en lo que ya se es…

aparece una plenitud silenciosa, sin objeto.
Eso es Ananda.

Por eso también se traduce como Amor:
no el amor hacia algo, sino
la ausencia de separación.

No es “me siento feliz”.
Es “
nada me falta”. “Soy completo como soy”


No son tres cosas: Sat, Chit y Ananda no son partes.

Son tres maneras de señalar lo mismo:

    Desde el hecho de ser → Sat

    Desde el hecho de conocer → Chit

    Desde el hecho de no carecer → Ananda


Como el fuego: calienta (Ananda),

    ilumina (Chit),

    y existe (Sat).

No son separables.

Y esto podemos constatarlo en la vida cotidiana: ya sea en medio del tráfico, en una discusión, en el cansancio, en la incertidumbre.

    No se persigue un estado especial, sino una comprensión de nuestra naturaleza esencial, siempre presente y no cambiante.

La vida sigue teniendo retos, conflictos y momentos difíciles.
La diferencia es que ya no se perciben como ataques personales, sino como
movimientos de la vida que aparecen y desaparecen en la Conciencia que somos.


Occidente, prisas y Conciencia

En nuestra cultura occidental, donde el valor personal suele medirse por el hacer, el lograr y el producir, el Vedanta práctico nos puede aportar algo revolucionario:

Aprender a descansar en el Ser mientras actúamos.

Que no supone pasividad sino actuar sin tanta carga interna, sin tanto miedo a no ser suficiente, sin vivir permanentemente a la defensiva.

Y poco a poco se va dando una comprensión natural de como :

    Los pensamientos son ideas que van y vienen.

    Las emociones son estados cambiantes.

    El cuerpo tambien se trasforma y envejece.

    Las circunstancias no siempre se pueden controlar.

Y, sin embargo, hay algo que permanece, silencioso, disponible, intacto, que es la Presencia.



Vedanta es aprender a no resistirse a lo que es

Vivir de acuerdo al Vedanta es aprender a no resistirse a lo que es, que llevado a la vida diaria se expresa de forma muy sencilla:

    En la capacidad de parar antes de reaccionar.

    En permitir una emoción sin juzgarse, justificarse ni reprimirse.

    En escuchar sin necesidad de imponerse.

    En descansar, aunque la mente diga que “sigue, sigue”.


No es un camino de perfección, sino de honestidad interior con uno mismo.

No busca convertirnos en alguien mejor, sino dejarnos de sostener una imagen.



Paso a paso, en lo ordinario

Por eso este espacio se llama Vedanta Pasito a Pasito.
Porque la comprensión no llega de golpe ni se vive en abstracto.

Se va actualizando:

    En la forma en que respiramos cuando algo nos incomoda,

    En cómo nos hacemos amigos del silencio interior,

    En cómo gestionamos los deseos o la frustración.


Ahí, en lo más ordinario, el Vedanta deja de ser una idea y se vuelve una forma de vivir con lucidez, amor y armonía en medio del trajín habitual de la vida, que es algo cada vez más necesario en la sociedad actual.



domingo, 18 de mayo de 2025





¿Realmente estás solo… o solo te sientes así?

Dicen que si te sientes solo estando solo, es que no estás en buena compañía. Esta frase, que parece tan simple, encierra una verdad profunda. Y hoy quiero reflexionar sobre esa llamada soledad, pero no tanto como hecho, sino como sentimiento.

Soledad: ¿hecho o interpretación?

Es cierto que la soledad a veces es simplemente un hecho: se está solo, sin compañía física. Pero el sentimiento de soledad no depende necesariamente de eso. Todos, en algún momento, hemos atravesado etapas de aislamiento sin sentirnos realmente solos… y otras en las que, rodeados de personas, nos ha invadido un profundo vacío interior.

Esto ocurre porque el sentimiento de soledad es una construcción mental. Una percepción que puede aparecer tanto en la presencia como en la ausencia de otros.

¿Cuándo aparece el sentimiento de soledad?

La soledad como malestar suele surgir cuando nuestra atención se centra excesivamente en el cuerpo, en sus carencias, o cuando la mente busca con ansiedad algo externo a lo que aferrarse para sentirse segura y completa.

Desde esa perspectiva, quien se percibe como separado se siente incompleto, y busca desesperadamente fuera lo que cree que le falta dentro.

Salir de la rueda

¿Qué pasa cuando optamos por no seguir girando en esa rueda mental?
Comenzamos a abrirnos a una nueva posibilidad: dejar de vivir bajo el dominio de los miedos y exigencias de la mente.

Expandimos nuestro campo de conciencia más allá del cuerpo. Empezamos por incluir nuestro entorno más próximo, pero poco a poco vamos abarcando una totalidad mayor. No solo lo que nos agrada, sino también aquello que nos incomoda, nos provoca rechazo o no sintoniza con nuestras ideas o emociones.

Un espacio sin fronteras

Cuando dejamos de identificar como propios los pensamientos que refuerzan la idea de un "yo" separado, las fronteras internas comienzan a disolverse. Ya no limitamos nuestras percepciones a lo corporal ni etiquetamos cada experiencia como “mía”.

Así, poco a poco, se desvanecen las barreras que nos separan del resto del universo. Y ese universo no se limita a las personas: lo incluye todo. Lo suave y lo áspero, lo brillante y lo oscuro. Todo forma parte de la misma totalidad.

Más allá del "yo", sin miedo

Es muy enriquecedor no temer esa experiencia. Comprobar por uno mismo que dejar de ser “alguien” no es perderse en la nada, sino abrirse a una plenitud serena, luminosa y llena de afecto hacia todo.
Una experiencia que no es fría ni abstracta, sino cálida, viva y profundamente transformadora.

martes, 13 de mayo de 2025

 





¿Quién soy yo, en realidad?

¿Y si la vida no fuera por etapas?



Niñez, juventud, madurez, vejez…
Así solemos dividir el simple hecho de vivir, como si fuese un pastel que repartimos en partes. Cada tramo recibe un nombre, una carga emocional y un conjunto de expectativas.

Nos acostumbramos a identificar lo que somos con lo que le pasa al cuerpo y a sus circunstancias. Pero, ¿es eso lo que realmente somos?

La vida es una corriente continua de energía. Una sola energía, manifestándose de distintas maneras, en distintos momentos. Lo que cambia es su expresión en lo físico, en lo mental, en lo emocional. Pero la fuente es siempre la misma.

El verdadero problema surge cuando nos identificamos con esas formas. Cuando creemos ser la etapa que atravesamos, la situación que vivimos, el pensamiento que aparece. Y ahí comienza el drama: sufrimos por lo que cambia porque olvidamos lo que no cambia.



El Vedanta —una tradición de sabiduría ancestral— nos ofrece una pregunta que lo transforma todo:


¿Quién soy yo, en realidad?



No como ejercicio mental, sino como búsqueda directa. Esa indagación no apunta a lo que haces, ni a lo que piensas, ni a lo que sientes. Va más allá.
Te invita a mirar hacia dentro, a descubrir la conciencia que observa todos los cambios sin cambiar ella misma.



Eso que tú eres, antes de las etiquetas, antes de las etapas, antes de las formas.
Una presencia silenciosa, constante, que puede ser descrita como Ser, Conciencia y Plenitud.
No cambia, no depende, no necesita.
Solo
es.



Y desde ahí, todo lo demás se ve distinto.
Las circunstancias siguen su curso. Las etapas vienen y van.
Pero tú ya no te confundes con ellas.
Aprendes a vivir desde un centro firme, presente, en paz.

Porque lo que tú eres no pasa.
Lo que tú eres está presente,
mientras todo pasa.


 Práctica sencilla para llevar esta visión al día a día:

Durante el día, haz pausas breves. No para analizar lo que pasa, sino para recordar esto:

"Todo esto está cambiando. ¿Quién lo está viendo?"

No busques una respuesta lógica. Solo permanece en ese silencio.
Cuanto más regresas a ese lugar en ti, menos poder tienen las etiquetas, las prisas o las etapas.

Ahí comienza una forma nueva de vivir: desde lo que ya eres.




lunes, 28 de octubre de 2024

 






Título: Volver al Origen: Un Viaje para reconocer nuestra Esencia

Introducción:

Muchas veces, nos identificamos con las múltiples capas que hemos construido a lo largo de la vida: con nuestra profesión, nuestras relaciones, nuestras creencias. Sin embargo, en el corazón de la enseñanza no dual, se nos invita a indagar más allá de estas capas y volver a lo que realmente somos: el Ser puro. En este artículo, se propone un ejercicio práctico que nos ayudará a re-conectar con la esencia más allá de las identidades y roles. Es un viaje de regreso al origen.

Desafiando las identidades:

A lo largo de la vida, acumulamos identidades (nombre, profesión, relaciones, etc.) que terminan por definir cómo nos percibimos y cómo experimentamos el mundo. En éste acercamiento a lo más profundo de nosotros mismos somos invitados a cuestionar esas identidades y a descubrir lo que está más allá de ellas.

Este ejercicio práctico nos puede ayudar a ir contrastando las teorías

En primer lugar buscamos un lugar en donde permanecer tranquilos durante unos minutos.

  1. Cerramos o no los ojos (cómo mejor nos sintamos), y tomamos unas cuantas respiraciones profundas, permitiendo que el cuerpo se relaje.

  2. Imaginamos que retrocedemos en el tiempo, dejando atrás cada identidad que hemos asumido en la vida. Comenzando con las más superficiales:

      Nombre.

      Edad.

      Profesión o estado laboral.

      Lugar de nacimiento.

      Relaciones.

  3. Nos vamos despojando de cada capa de lo que pensamos que somos. Y con cada capa que dejamos ir, nos preguntamos: "¿Quién soy sin esto?".

  4. Llegamos al punto donde todas las identidades se disuelven y no queda ninguna etiqueta, ningún rol. Solo queda la sensación de Ser sin más atributos, el testigo silencioso o el estado de Presencia.

  5. Permaneceremos en ese estado sin etiquetas ni definiciones por el tiempo que consideremos, sin nada que hacer, solo estar.

Reflexión final:

Cuando estemos listos, abrimos los ojos lentamente y tomamos unos momentos para reflexionar. ¿Cómo nos sentimos después de soltar todas las identidades? ¿Qué queda cuando todas esas capas superficiales se disuelven?

Este reencuentro con nuestra esencia es sólo un indicativo que invita a una práctica constante de desapego y auto-indagación. Al hacernos conscientes de las capas que nos cubren y al aprender a soltarlas, nos acercamos a la experiencia directa de lo que realmente somos: el ser puro, libre de limitaciones y condicionamientos.




En las enseñanzas no duales, se nos recuerda que todo lo que identificamos como "yo" —nuestro cuerpo, mente, emociones e historia personal— es parte de la ilusión de separación conocida como maya.
Al entender el poder encubridor de esa maya, y lo efímero y pasajero del campo de nuestra existencia, e ir soltando la atadura a estas identificaciones, podemos descubrir como trasfondo de todo esto, el estado de pura conciencia, donde reconocernos como el testigo eterno, más allá del tiempo y del espacio.
Decía Nisargadatta Maharaj: "Nada de lo que veo es mío. Nada de lo que pienso es mío. Yo soy eso, el espacio en el cual todo ocurre, pero no soy lo que ocurre."

 

3. Integrar un diario de reflexiones:

Después del ejercicio propuesto, también puede resulta práctico apoyarse en un diario donde escribir las impresiones sobre lo que se experimenta.

    ¿Qué identidades resultan más difíciles de soltar?

    ¿Qué se siente al llegar a ese lugar de simple presencia?

    ¿Qué emociones surgieron durante el ejercicio?

Esto fomenta la práctica reflexiva



Y para esos momentos sin tiempo del día a día:

Cuando nos sentimos confusos por los roles que hemos de asumir o expectativas que se despiertan en nosotros podemos hacer una pausa, respirar profundamente y preguntarnos: "¿Quién soy sin todo esto?". Y ese pequeño espacio de tiempo nos puede servir para recordar que el verdadero ser está más allá de las circunstancias.

 

¿Cómo os ha resultado el ejercicio de "Volver al origen"? Me encantaría saber cómo fue vuestra experiencia y qué descubristeis al soltar las identidades.

¡Comparte tus reflexiones en los comentarios!